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El Banco Base de Semillas de INIA: un resguardo estratégico para la agricultura y la flora de Chile

Tras las recientes lluvias que afectaron a la Región de Coquimbo, la directora nacional (s) de INIA visitó esta infraestructura ubicada en Vicuña, que conserva 24.193 accesiones de especies cultivadas y flora nativa bajo condiciones de almacenamiento de largo plazo.

Las intensas precipitaciones registradas recientemente en la Región de Coquimbo volvieron a evidenciar la vulnerabilidad de los sistemas productivos frente a eventos climáticos extremos. En este contexto, el Banco Base de Recursos Fitogenéticos del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA Intihuasi, ubicado en Vicuña, reafirma su importancia como una infraestructura estratégica para resguardar los recursos genéticos del país y disponer de material que permita recuperar y multiplicar cultivos ante eventuales pérdidas.

La infraestructura fue visitada por la directora nacional (s) del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, Dra. María Teresa Pino, en el marco de su gira por la Región de Coquimbo, instancia en la que también sostuvo una reunión con el equipo de trabajo de las diversas dependencias de INIA Intihuasi y del Centro de Estudios de la Biodiversidad . La visita permitió conocer el estado del Banco Base luego de las lluvias que afectaron al territorio y revisar el trabajo que se desarrolla para conservar a largo plazo recursos genéticos de importancia agrícola y de flora nativa.

“Esta visita responde precisamente a los eventos climáticos que han ocurrido durante las últimas semanas y que han sido históricos,  con un tremendo impacto en las poblaciones urbanas y en la agricultura. Para nosotros es muy importante conocer el estado del Banco Base y comprobar cómo ha respondido frente a esta contingencia. Cuando lo conocí, siendo muy joven, decía que resistía todos los eventos y catástrofes. Y te puedo decir que lo resistió”, afirmó Pino.

Una reserva frente a las catástrofes

“A pesar de la intensidad de las precipitaciones y de algunas bajadas de quebradas registradas en el sector, la infraestructura no sufrió daños, dado que fue diseñada para enfrentar eventos climáticos, por lo cual la colección se mantuvo sin pérdidas”, sostuvo Francisco Meza director regional de INIA Intihuasi.

De acuerdo con Britt Wallberg, encargada del Banco Base de Semillas, tanto las instalaciones como las distintas etapas asociadas a la conservación de las semillas se mantuvieron en las mismas condiciones previas a la contingencia climática.

Actualmente, la instalación conserva 24.193 accesiones, correspondientes a dos colecciones: 20.448 accesiones de especies cultivadas y 3.745 de flora nativa. Esta última colección comprende 1.342 especies de flora chilena, equivalentes al 29% de la flora conocida. Además, el Banco mantiene bajo resguardo el 43,6 % de las especies de flora amenazadas que cuentan con semilla, cifra que forma parte del trabajo de conservación ex situ, es decir, fuera de su hábitat natural y bajo condiciones controladas.

Las semillas son conservadas a -18 °C y 15 % de humedad relativa, condiciones que permiten mantener el material genético durante largos períodos. La colección cultivada se alimenta principalmente del material que entregan los bancos activos de INIA, mientras que la colección de flora nativa se incrementa mediante las recolecciones asociadas a los distintos proyectos de conservación.

Para Wallberg, la función de este reservorio va mucho más allá de simplemente almacenar semillas. Su principal propósito es contar con un respaldo frente a situaciones que puedan afectar la permanencia de determinados recursos genéticos.

“El Banco Base es una infraestructura estratégica que permite al país resguardar cultivos de interés agrícola, pero no solo por su importancia para la producción, sino también por su aporte a la soberanía alimentaria y al patrimonio agrícola nacional”, explicó.

En este sentido, la colección incluye cultivos que forman parte de la alimentación del país, como quinoa, trigo, arroz y maíz, además de hortalizas vinculadas al patrimonio agrícola nacional. El material conservado constituye un duplicado de seguridad, de manera que pueda mantenerse disponible en el largo plazo frente a eventuales pérdidas provocadas por catástrofes, plagas, enfermedades u otras amenazas.

“La principal función del Banco Base es tener un duplicado de seguridad. Eso quiere decir que las accesiones y los cultivos y todas las variedades que nosotros tenemos guardadas tienen las condiciones para que puedan estar en el largo plazo en ese lugar”, señaló Wallberg.

Semillas que pueden volver al campo

La conservación a largo plazo no significa que las semillas permanezcan indefinidamente dentro de las cámaras. Cuando una especie requiere ser regenerada, el material es llevado a campo para recuperar su capacidad de germinación y posteriormente volver a ingresar al banco.

Este proceso permite mantener la viabilidad del material genético y constituye una medida adicional de protección frente a diferentes amenazas, funcionando como una reserva que puede contribuir a recuperar variedades que eventualmente hayan sufrido pérdidas en otras zonas del país.

“El Banco Base funciona como una suerte de seguro, no solo frente a catástrofes, sino también ante ataques de plagas o enfermedades que puedan afectar la calidad genética de una especie”, detalló Wallberg.

La colección de flora nativa cumple, a su vez, una función de conservación de especies que forman parte del patrimonio natural del país. Actualmente, el Banco Base mantiene 3.745 accesiones correspondientes a 1.342 especies, y el objetivo institucional es continuar ampliando este resguardo para avanzar en las metas nacionales de conservación de la biodiversidad.

En particular, el 43,6% de las especies de flora amenazadas que cuentan con semilla ya se encuentran bajo conservación ex situ. La meta planteada es avanzar hacia el 75 %, en línea con los objetivos de conservación acordados en el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal con los que INIA busca alinear su trabajo.

Vicuña: una ubicación estratégica

La ubicación del Banco Base en Vicuña tampoco es casual. Al encontrarse alejado de grandes centros urbanos, le entrega una capa adicional de seguridad ante eventuales fallas en los sistemas destinados a controlar las condiciones ambientales.

“El hecho de que el Banco Base se encuentre en Vicuña no es antojadizo. En general, los bancos de este tipo se encuentran alejados de las grandes poblaciones y acá en Vicuña contamos con una baja humedad relativa, que es imprescindible para la conservación de las semillas”, explicó Wallberg.

Precisamente, la reciente contingencia climática permitió comprobar el funcionamiento de esta infraestructura. Para la directora nacional (s) de INIA, este comportamiento confirma la importancia de mantener y fortalecer una unidad cuya función se proyecta durante décadas.

La autoridad destacó además que INIA continuará trabajando para fortalecer esta infraestructura y asegurar que el país mantenga sus recursos genéticos resguardados de la mejor manera posible, como parte de una misión institucional orientada hacia una agricultura más sostenible y competitiva.

De esta manera, el Banco Base de Semillas de INIA Intihuasi cumple una función que trasciende la conservación, ya que ha demostrado ser una infraestructura estratégica de largo plazo que permite resguardar la diversidad genética agrícola y nativa de Chile y contar con un respaldo frente a catástrofes, plagas, enfermedades y otras amenazas que puedan comprometer estos esenciales recursos.

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