El profesional de gestión de proyectos y transferencia tecnológica del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), Gabriel Peña, hace un llamado a unir fuerzas por el desarrollo regional y una producción de alimentos más sustentable.
La Región de Los Lagos posee una identidad agrícola profundamente vinculada a sus territorios, sus praderas, sus sistemas ganaderos, sus cultivos tradicionales y su Agricultura Familiar Campesina. Desde Osorno, pasando por la zona lacustre y la Patagonia Verde, hasta Chiloé, la producción agropecuaria no solo cumple una función económica, sino también social, cultural y territorial. Sin embargo, este sector enfrenta transformaciones cada vez más complejas: cambio climático, envejecimiento rural, fragmentación predial, aumento de los costos de producción, baja adopción tecnológica, degradación de suelos, nuevas exigencias de mercado y una creciente necesidad de producir de manera más sustentable.
Frente a este escenario, la innovación no puede entenderse únicamente como la incorporación de tecnologías sofisticadas o de alto costo. Innovar en agricultura es mucho más que usar drones, sensores, plataformas digitales o maquinaria moderna. Innovar es, sobre todo, resolver problemas reales del territorio mediante soluciones pertinentes, validadas y adoptadas por quienes producen alimentos. Una innovación que no llega al agricultor, que no mejora una práctica o que no genera impacto en el sistema productivo queda reducida a una buena idea sin transformación real.
Por ello, la gestión de innovación y la transferencia tecnológica deben ocupar un lugar central en las estrategias de desarrollo agrícola regional. La investigación aplicada tiene sentido cuando logra conectarse con las necesidades concretas de los productores. En una región diversa como la de Los Lagos, las soluciones no pueden diseñarse desde una mirada única. No es lo mismo trabajar con ganadería bovina en Osorno, producción ovina en Chiloé, cultivos tradicionales en territorios insulares o cordilleranos, o sistemas agroecológicos de pequeña escala. Cada realidad requiere adaptación, acompañamiento y aprendizaje conjunto.
La transferencia tecnológica y extensión tampoco puede reducirse a una charla, un día de campo, un folleto o una actividad puntual. Debe ser entendida como un proceso continuo, donde el conocimiento técnico se ve reflejado en prácticas concretas, se valida en campo y se ajusta con la experiencia del agricultor. Transferir tecnología implica escuchar, observar, levantar información de primera fuente, acompañar, aplicar técnicas y metodologías adaptadas a los grupos y rubros, generar confianza y luego medir resultados.
El productor no adopta una innovación solo porque alguien se la recomienda; la adopta cuando la comprende, la ve funcionar y reconoce que puede aplicarla en su propio sistema productivo.
En este sentido, las instituciones públicas de investigación y desarrollo tienen un rol estratégico. No basta con generar conocimiento científico; es necesario transformarlo en herramientas útiles para el territorio.
INIA, las universidades, los municipios, los gobiernos regionales, los servicios del agro y las organizaciones de productores deben actuar de manera articulada para construir ecosistemas de innovación agrícola, ya que la innovación requiere redes, financiamiento, capacidades técnicas y una mirada de largo plazo.
La Región de Los Lagos cuenta con condiciones excepcionales para avanzar en esta dirección. Tiene vocación agropecuaria, capital humano, biodiversidad, experiencia institucional y una red de agricultores que, pese a las dificultades, mantiene viva la producción en los territorios. Pero también existen brechas que deben ser abordadas: acceso desigual a asistencia técnica, baja digitalización, dispersión de información basal para la toma de decisiones, dificultades para escalar innovaciones, instrumentos poco adaptados a la realidad regional, escasa agregación de valor y limitada articulación entre investigación, fomento productivo, productores y mercados.
Gestionar innovación significa precisamente ordenar estos desafíos y convertirlos en oportunidades. Significa implementar plataformas de trabajo público-privadas y público-públicas que permitan acortar brechas de comunicación, reducir distorsiones de información, articular a los distintos actores del territorio y formular proyectos pertinentes, evaluar impactos, identificar tecnologías disponibles, adaptar soluciones al contexto local y generar modelos de intervención sostenibles en el tiempo.
La innovación agrícola no puede depender solo de iniciativas aisladas; requiere planificación, gobernanza territorial y políticas públicas que reconozcan la diversidad productiva de la región.
En Chiloé, por ejemplo, los desafíos asociados a praderas degradadas, plagas subterráneas, suelos ácidos, cambio climático y sistemas ganaderos de pequeña escala muestran la importancia de combinar investigación, extensión y gestión territorial. Las soluciones técnicas existen, pero requieren validación local, acompañamiento y capacidad de articulación. En este punto, la transferencia tecnológica se transforma en un puente entre el conocimiento y la acción.
El desarrollo agrícola de Los Lagos dependerá de nuestra capacidad para innovar con sentido territorial. No se trata de importar modelos externos sin adaptación, sino de construir soluciones desde la realidad regional, integrando ciencia, experiencia campesina, gestión pública y colaboración institucional. La innovación debe estar al servicio de las personas, de los sistemas productivos y de la sustentabilidad de los territorios.
La agricultura del futuro será más tecnológica, sin duda, pero también deberá ser más humana, más colaborativa y más consciente de sus impactos. En una región donde el campo sigue siendo parte esencial de la vida social y económica, apostar por la innovación y la transferencia tecnológica no es solo una estrategia productiva: es una apuesta por el desarrollo regional, la resiliencia rural, la soberanía agroalimentaria y la construcción de una agricultura más sustentable para las próximas generaciones.
Gabriel Alfonso Peña P.
Administrador Público Lic. en Cs. Política – MBA
Experto en Gestión de Innovación y Transferencia Tecnológica.
Investigador y Transferencista INIA Butalcura – Chiloé









