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Intensas lluvias de julio-agosto podrían reducir hasta en un 30 % la producción de avellano europeo en Chile

La saturación de los suelos favorece el desarrollo de enfermedades radiculares, mientras que las precipitaciones en época de floración afectan la polinización y comprometen la productividad del cultivo. Especialista de INIA Quilamapu llama a fortalecer la planificación agroclimática para enfrentar estos desafíos.

Las intensas lluvias registradas en julio-agosto en el centro y sur del país generaron alta preocupación entre los productores de avellano europeo. Las precipitaciones ocasionaron extensos periodos de saturación de los suelos, coincidentes con la etapa de polinización de los huertos, situación que podría provocar una disminución cercana al 30 % en la producción de la próxima temporada, advierten especialistas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), instituto vinculado al Ministerio de Agricultura.

El investigador Jorge Retamal del Centro Regional INIA Quilamapu, explicó que uno de los primeros efectos del exceso de agua es el aumento del riesgo de enfermedades radiculares, especialmente de Phytophthora, un microorganismo habitual que utiliza la acumulación de agua para desplazarse e infectar las raíces de las plantas.

“Cuando los suelos permanecen anegados por períodos prolongados, las posibilidades de infección aumentan considerablemente, ya que las zoosporas utilizan el agua para movilizarse e ingresar a plantas sanas”, precisó Retamal.

Los primeros síntomas suelen manifestarse en primavera mediante una reducción del crecimiento vegetativo y del desarrollo foliar. Una vez que el patógeno se instala en el interior de la planta, su control resulta complejo, debido a que coloniza tejidos donde los productos fitosanitarios tienen una eficacia limitada.

Por ello, el especialista enfatizó que la prevención constituye la principal herramienta de manejo. “Lo más importante es evitar que los suelos permanezcan inundados por períodos que superen las 48 horas. Para ello es fundamental realizar estudios físico-químicos del suelo, conocer su capacidad de infiltración, diseñar adecuadamente el drenaje y evitar sectores con anegamientos permanentes”, planteó.

La lluvia durante la polinización representa el mayor riesgo

Aunque el desarrollo de enfermedades constituye una amenaza importante, Retamal sostuvo que el principal impacto de esta temporada proviene de las precipitaciones ocurridas durante la floración del cultivo.

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, expresó al respecto que “las lluvias de esta temporada representan un desafío para los productores de avellano europeo, particularmente por su impacto en la polinización. Sin embargo, ante estos escenarios la ciencia y la innovación son nuestros mejores aliados. Como Ministerio de Agricultura estamos poniendo las capacidades de instituciones como el INIA al servicio de los productores, generando conocimiento y herramientas que permitan anticiparnos a los efectos del cambio climático, tomar mejores decisiones y proyectar con confianza el desarrollo de este cultivo en Chile”.

El avellano europeo depende principalmente del viento para transportar el polen desde las flores masculinas hacia las femeninas. Cuando llueve durante este período, el polen cae al suelo y pierde viabilidad al mantenerse húmedo, lo que reduce significativamente la fecundación de los huertos y, en consecuencia, la producción de frutos.

“Si durante las 12 semanas que dura la polinización llueve durante 4 o 5 de ellas, especialmente en la semana de mayor liberación de polen, las pérdidas productivas pueden ser muy significativas”, indicó el especialista.

El investigador de INIA Quilamapu detalló que el período de máxima emisión de polen coincidió este año con los principales eventos de precipitaciones, situación que permite proyectar una disminución cercana al 30 % de la producción en los huertos productivos. “La consecuencia práctica es de primer orden, ya que un fracaso de polinización durante julio de este año no se manifiesta como caída de flores, sino como nuez vana en la cosecha de febrero-marzo de 2027”.

A este escenario se suma el riesgo de eventuales heladas posteriores a las lluvias, fenómeno que también podría comprometer los rendimientos. Retamal recordó que condiciones climáticas de frío extremo registradas en los años 2004, 2014 y 2025 provocaron pérdidas promedio superiores al 30 % en la producción de avellanas en Turquía, principal productor mundial de este fruto.

Si bien la superficie plantada en Chile continúa aumentando y la producción ha pasado desde unas 120 mil hasta una proyección de 140 mil toneladas, el especialista advirtió que el potencial productivo de los huertos dependerá, cada vez más, de la capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas.

En este contexto, señaló la ubicación de los huertos adquiere una importancia estratégica. Los sectores cercanos a la costa presentan dificultades para acumular las horas de frío requeridas por el cultivo, mientras que las regiones de mayor pluviometría, especialmente desde La Araucanía hacia el sur, enfrentan crecientes limitaciones tanto para la polinización como para las labores de cosecha y postcosecha debido a los excesos de lluvias.

Frente a este escenario, el investigador destacó la necesidad de avanzar en una zonificación agroclimática específica para el avellano europeo. “Disponer de esa información permitirá orientar de mejor manera el establecimiento de nuevos huertos, disminuir riesgos productivos y fortalecer la competitividad frente a los efectos del cambio climático”, concluyó Retamal.