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Riego en Icalma: apuesta por una ganadería climáticamente inteligente

En Icalma, comuna de Lonquimay, se realizó un día de campo sobre riego como factor clave para el desarrollo de una ganadería climáticamente inteligente. Lo anterior, como parte de las acciones que se ejecutan en el contexto del proyecto FONTAGRO que busca fomentar la sostenibilidad y seguridad alimentaria en comunidades indígenas Mapuche, residentes en zonas rurales de Argentina y Chile, por medio de la incorporación de prácticas de ganadería climáticamente inteligentes, a través de estrategias activas y participativas. La iniciativa, liderada por los investigadores Dra. Paulina Etcheverría y Dr. Paul Escobar, cuenta con la participación del Ministerio de Industrias Primarias de Nueva Zelanda (MPI), Global Research Alliance (GRA), INTA Argentina e INIA Chile, en este caso el Centro de Investigación INIA Carillanca.

En Chile se trabaja con la comunidad Cheuquen Nguilliu, del sector Icalma, donde se han establecido unidades demostrativas en predios de pequeños agricultores, una de ellas relacionada con riego y un jardín de especies forrajeras, en el predio del agricultor Adrián Cayuqueo. Es aquí donde se dieron a conocer los principales resultados, ya que uno de los mayores desafíos que enfrentan las praderas es la falta y permanencia de la humedad en el suelo, por lo que establecer una unidad de riego fortalece dicha necesidad. La idea final es aumentar la producción de forraje mediante un sistema de riego más eficiente, que además automatice ciertos procesos y permita a los productores gestionar sus actividades de mejor manera, sin que ninguna de ellas se vea perjudicada.

“Para nosotros esto es un gran avance, porque sin riego no hay empastadas y sin empastadas no hay ganado. El clima complica a veces el riego, pero lo importante es seguir, y con el trabajo de INIA en el sector y el compromiso de sus profesionales podemos avanzar”, comentó Adrián Cayuqueo.

En la actividad participaron profesionales de INDAP, a quienes en terreno se les presentó los resultados de las unidades, además de dar a conocer los costos referenciales para el mejoramiento del riego en el sector cordillerano. En este caso se usó un estanque de 2.400 litros, un centro de válvulas, cabezal de riego, sumado al jardín de forrajeras, cuyo costo de implementación total ascendió a $2.529.024.-.

Unidades demostrativas

“En este día de campo, en conjunto con nuestro equipo de trabajo INIA,Valeria Quintulen y Edgardo Estrada, presentamos en detalle la implementación de un sistema de riego por aspersión sostenible en praderas, diseñado para operar sin motobomba ni electrobomba. La actividad comenzó con una visita a la fuente de agua, ubicada aproximadamente a 220 metros cerro arriba, para seguir al estanque acumulador de 2.400 litros, junto con sus accesorios, explicando su función de almacenamiento continuo. También descendimos hasta la caja de distribución, donde se explicó el simple funcionamiento del sistema que abastece a tres sectores de riego, cada uno equipado con válvulas, manómetros y accesorios para el control de volumen y presión. Esto permitió que los equipos técnicos observasen el funcionamiento de los aspersores y de un pistón de riego in-situ, que destaca su operación continua, si es que no hay agotamiento en la fuente de agua, lo cual demuestra que se trata de un sistema eficiente y sostenible en el tiempo”, señaló el Dr. Rafael López Olivari, especialista de INIA, a cargo del riego.

Por su parte Juan Quintana, ayudante de investigación de INIA Carillanca, presentó el jardín demostrativo, conformado por 7 especies y 12 cultivares, entre los cuales se incluyen gramíneas y leguminosas propagadas a partir de semillas recolectadas en la comuna de Lonquimay. “Además, se incorporaron bromos y tréboles rosados provenientes del programa de Fitomejoramiento de Forrajeras de INIA Carillanca. El ensayo establecido mediante trasplante en diciembre de 2025, tiene como objetivo evaluar la adaptabilidad de estas especies a través de mediciones y monitoreos periódicos de la sobrevivencia y desarrollo de las plantas. Los resultados podrían representar, a futuro, una alternativa viable para la producción de forraje destinada a los productores agropecuarios de la zona”, explicó el profesional.

Cabe indicar que la agricultura climáticamente inteligente (ACI) se define como una estrategia integral para enfrentar los retos del Cambio Climático y garantizar la seguridad productiva. “Su objetivo es aumentar la productividad agrícola, fortalecer la resiliencia frente a los efectos del cambio climático, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y alcanzar los objetivos nacionales de desarrollo y seguridad alimentaria. Además, la agricultura climáticamente inteligente busca movilizar inversiones destinadas a apoyar a los agricultores y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de GEI”, dijo finalmente la Dra. Ana Luengo, subdirectora Regional de I&D del Centro de Investigación INIA Carillanca.