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Condiciones de humedad por lluvias elevan riesgo de enfermedades en frutales del centro sur

Las precipitaciones y temperaturas medias favorecen el desarrollo y dispersión de hongos y bacterias patógenas, especialmente durante la floración y aparición de los brotes. Fitopatóloga de INIA Quilamapu recomienda reforzar las medidas preventivas para proteger la producción y evitar pérdidas de calidad y condición de la fruta.

La investigadora y encargada del Laboratorio de Fitopatología de INIA Quilamapu, Daina Grinbergs, explicó que la combinación de lluvias intensas y temperaturas medias constituye un ambiente propicio para la aparición y desarrollo de enfermedades en especies frutales, particularmente durante la floración y brotación.

“Hay patógenos que atacan distintos órganos del frutal y dentro de los tejidos más susceptibles están las flores, que comienzan a desarrollarse ahora en frutales como cerezo, arándano y pomáceas, además de los brotes tiernos, como los de vid”, señaló.

Entre los principales agentes que pueden afectar las flores están hongos patógenos como Botrytis y Alternaria, capaces de provocar pudriciones que no necesariamente se manifiestan de inmediato, sino que, incluso, pueden hacerlo durante la cosecha o el almacenamiento de la fruta, situación que puede afectar de manera importante aspectos de calidad y, con ello, el destino comercial.

“Muchas veces esta pudrición se manifiesta en el fruto, en cosecha o en almacenaje, lo que complica en gran medida la toma de decisiones con respecto al destino de la fruta, es decir, si va a poder ser exportada y soportar un viaje largo, o será destinada a mercado interno”, indicó Grinbergs.

Por esta razón, el monitoreo y la prevención adquieren especial importancia durante las etapas iniciales del desarrollo del fruto, cuando las condiciones ambientales pueden favorecer las infecciones.

Atención a las enfermedades de madera

Las condiciones de humedad también pueden favorecer enfermedades que afectan la madera de los frutales. Entre ellas se encuentran aquellas asociadas a bacterias como Pseudomonas y Xanthomonas, además de hongos como Cytospora, Chondrostereum, Calosphaeria y Neofusicoccum, entre otros patógenos.

La investigadora explicó que las lluvias y temperaturas favorables pueden estimular el crecimiento, reproducción y diseminación de estos organismos, aumentando el riesgo de infección dentro del huerto. En este contexto, recalcó que una de las primeras medidas recomendadas consiste en reducir las fuentes de inóculo presentes en el huerto, para lo cual es necesario eliminar todos los restos de madera infectada que puedan favorecer la permanencia y dispersión de los patógenos.

Prevención y protección del huerto

Frente a este escenario, la investigadora de INIA Quilamapu destacó la importancia de mantener medidas preventivas durante los períodos de mayor riesgo. Sostuvo que aquellos huertos que cuenten con sistemas de cobertura, como cerezos, deben ser utilizados para disminuir la exposición a las precipitaciones. También planteó la conveniencia de realizar aplicaciones preventivas de fungicidas, tanto químicos como biológicos, considerando una adecuada rotación de los ingredientes activos para contribuir a un manejo fitosanitario más eficiente.

En el caso específico de las enfermedades de madera, además de eliminar las fuentes de inóculo activas, indicó que es importante reducir las oportunidades de ingreso de los patógenos. Para ello, recomendó evitar heridas innecesarias en la madera y prestar especial atención a los cortes de poda, que pueden constituir puntos de entrada para estos organismos.