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Cultivar sin suelo: agricultores de Atacama avanzan en sistemas hidropónicos ante los desafíos del clima

La iniciativa busca diversificar la producción de la Agricultura Familiar Campesina mediante sistemas de cultivo más controlados y resilientes a las condiciones climáticas de la región.

Las recientes precipitaciones que afectaron a la Región de Atacama volvieron a evidenciar el estrecho vínculo entre las condiciones climáticas y la producción agrícola. En Alto del Carmen se registraron 210,8 milímetros de lluvia, mientras que en Vallenar se acumularon 186,9 milímetros, frente a un promedio anual normal de 40,2 milímetros. La magnitud del evento ha obligado a los agricultores a enfrentar dificultades asociadas a la saturación de los suelos, el ingreso de sedimentos, problemas de acceso y otras afectaciones a sus sistemas productivos. Para los pequeños agricultores, estas situaciones también pueden interrumpir la comercialización y, en consecuencia, afectar sus ingresos.

En este escenario, agricultores de la región, como aquellos pertenecientes a la localidad de El Churcal, en la comuna de Alto del Carmen, se encuentran participando en jornadas prácticas de armado de mesones para los invernaderos donde se implementarán sistemas de producción hidropónica de hortalizas. La actividad está siendo ejecutada por INIA Intihuasi y financiada por el Gobierno Regional de Atacama, en el marco del programa “Transferencia Tecnológica para Mejorar la Rentabilidad Agrícola de la Agricultura Familiar Campesina (AFC)” de la Región de Atacama.

Hidroponía: una alternativa frente a la variabilidad climática

Para Constanza Jana, investigadora de INIA Intihuasi, estos sistemas permiten generar condiciones de cultivo más controladas frente a los sistemas tradicionales a campo abierto. “La producción hidropónica bajo invernadero le da a los pequeños agricultores un nivel de control que los sistemas tradicionales a campo abierto simplemente no tienen. Cuando ocurren eventos como las recientes lluvias, los cultivos en suelo quedan expuestos a anegamiento, pérdida de nutrientes, proliferación de enfermedades fungosas y, en muchos casos, pérdida total de la producción”, explicó.

La investigadora señaló que el cultivo bajo invernadero queda protegido de la precipitación directa y, al no depender del suelo, evita problemas asociados a escurrimientos, erosión y saturación hídrica. Además, el uso de sustratos o soluciones nutritivas controladas permite manejar con mayor precisión el riego y la fertilización. “Frente a un escenario climático cada vez más errático en la región, estos sistemas se transforman en una herramienta concreta de resiliencia productiva, permitiendo mantener continuidad en la producción y en los ingresos del agricultor”, destacó Jana.

Y es que efectivamente, la experiencia reciente de los productores da cuenta de cómo estos eventos pueden afectar la continuidad de la actividad agrícola. Elvin Gatica, productor de la zona, señaló que “De una u otra forma, todos fuimos afectados y vimos mermada nuestra capacidad de generar ingresos. Yo tengo siembras y llevaba un mes sin poder enviar producción”, señaló.

Aprender haciendo: tecnología que queda en el territorio

Durante las jornadas se construyen dos tipos de mesones, uno de madera y otro metálico, cada uno con capacidad para albergar 60 lechugas hidropónicas y diseñados para reducir el uso de plástico. Cada invernadero, en tanto, tiene capacidad para seis mesones, lo que permite cultivar hasta 360 lechugas. Para Jana, la participación de los propios agricultores es fundamental para generar apropiación de la tecnología y fortalecer su continuidad en el tiempo. “Un agricultor que construyó su propio sistema entiende cómo funciona, sabe cómo repararlo si algo falla y pierde el miedo a una tecnología que de otra forma podría parecerle ajena o compleja”, explicó, destacando que el proceso constituye una instancia de transferencia tecnológica práctica, ya que los productores pueden posteriormente replicar, escalar o adaptar estas soluciones según las condiciones de sus propios predios.

La iniciativa también incorpora innovaciones orientadas a mejorar la eficiencia y sustentabilidad del sistema, entre ellas el manejo automatizado del invernadero según las condiciones de temperatura y la utilización de mesones metálicos como alternativa a estructuras tradicionales de madera y plástico. Estas soluciones buscan generar condiciones más estables para el cultivo, aumentar la durabilidad de las estructuras y reducir sus costos de mantención y reposición.

Para Janet Gallardo, agricultora y productora del sector El Churcal, esta etapa representa la necesidad de incorporar nuevas alternativas frente a las condiciones que afectan a la agricultura tradicional del sector. “En verano está haciendo mucho calor y en invierno mucho frío, por lo que se nos hielan las siembras y los frutos. Entonces, contar con otro sistema para cultivar es ideal para poder salir adelante y tener recursos”.

De esta manera, con la habilitación de los sistemas hidropónicos de raíz flotante, el proyecto entra en una nueva etapa en la que los agricultores pasan de la capacitación y la instalación de infraestructura al inicio de la producción de hortalizas. El objetivo es que esta experiencia se traduzca en nuevas fuentes de ingreso, ciclos productivos menos dependientes de las condiciones climáticas y capacidades técnicas que permanezcan en el territorio.

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