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Tras fin de proyecto en la Región de Coquimbo Estudio de INIA y evolución del mercado confirman conveniencia del cultivo de arándanos en el norte
Pese a ser un arbusto originalmente propio de zonas húmedas y frías, con costos más altos que los cultivos tradicionales, el arándano es una alternativa rentable para los agricultores de la región. Una investigación del INIA entrega antecedentes para que los productores locales mejoren sus prácticas agronómicas en este frutal.
Los pequeños, azulados y dulces frutos del arándano (Vaccinium corymbosum) son altamente valorados en los países industrializados del hemisferio norte, particularmente en Estados Unidos y Canadá, debido a su agradable sabor, su utilidad para elaborar variados productos agroindustriales (jugos, mermeladas, confites, etc.) y, especialmente, por sus propiedades medicinales antioxidantes y antibióticas. Los arándanos son buena fuente de vitamina C, estimulan las defensas naturales del organismo y ayudan a retardar el envejecimiento; bloquean la producción de enzimas que detonan la multiplicación de células cancerosas; poseen facultades antibacterianas y pueden aliviar molestias digestivas. También se les atribuye la cualidad de disminuir el riesgo de infartos, accidentes cerebro-vasculares, trombosis venosas profundas, entre otros males del mismo orden. Pese a ser un arbusto originario de zonas húmedas y frías de Norteamérica, su elevada demanda y el desarrollo de variedades adaptadas a diferentes climas han expandido su cultivo alrededor del mundo. Chile ocupa el sitial de principal productor y exportador de arándanos del hemisferio sur, siendo Estados Unidos el mercado primordial. Aunque la mayor parte de la producción chilena sale de la zona centro-sur del país, a fines de la década de los 90 se incorporó esta planta a la agricultura del norte, particularmente en la Región de Coquimbo, en donde de 35 hectáreas plantadas en 2005 se llegó a unas 400 hectáreas en la actualidad. Tal como sucede con la uva de mesa, el clima cálido del norte chileno posibilita la obtención de fruta temprana, que obtiene mejores precios respecto a la producción sureña. Bajo las condiciones de Coquimbo, se necesita utilizar variedades de arándano adaptadas a mayores temperaturas (siendo O’Neal y Misty las más comunes), emplear aserrín mezclado con suelo como sustrato para las plantas y aplicar variadas técnicas agronómicas. Todas estas medidas suman costos para el agricultor. Particularmente complicado resulta el tema del sustrato. El arándano precisa de suelos porosos y más bien ácidos; los terrenos nortinos suelen ser salinos y compactos. Encarando el desafío de aumentar la productividad del arándano y disminuir los costos de producción en los predios del norte, el Centro Regional Intihuasi del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) desarrolló desde 2006 a 2010 el proyecto Selección de sustratos locales y confinamiento de raíces para potenciar la productividad de variedades híbridas de arándanos en condiciones de aridez, coejecutado por el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) y financiado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA). Esta iniciativa finalizó en marzo recién pasado. Sus resultados fueron conocidos, en primer lugar, por las 60 personas, entre agricultores, representantes de empresas exportadoras y profesionales del rubro, que asistieron el 30 marzo a un seminario de clausura en La Serena. Según la directora del proyecto, la doctora Angélica Salvatierra, este trabajo “tuvo como objetivo generar un protocolo de manejo para los arándanos, una especie de más o menos reciente introducción, en que había una serie de interrogantes”. De hecho, recién en los años 90 se había identificado zonas aptas para este cultivo en la región.
FERTILIZAR CUIDADOSAMENTEEn cuanto al sustrato, las conclusiones apuntan a que el aserrín sigue siendo la mejor opción. Las fórmulas alternativas que se probaron –en particular una mezcla de suelo con escobajo y sarmiento de uva, pensada para aprovechar residuos de la industria pisquera– no lograron superar al clásico subproducto forestal, debido a dos razones fundamentales: primero, que no hay disponibilidad suficiente, pues las empresas pisqueras están reutilizando estos desechos sólidos en sus propios procesos; segundo, que el tamaño de los trozos de escobajo y sarmiento picado resultó ser excesivo para el fin buscado. “Había desuniformidad en las partículas, lo que dificultó mucho la mezcla en el campo para que nos quedara homogénea”, conspirando contra un crecimiento vigoroso de las plantas. Queda abierta la posibilidad de estudiar estos mismos sustratos locales en condiciones físicas distintas, mediante un proceso de compostaje. Esta opción no fue parte de la investigación de la doctora Salvatierra, pues en ésta se usó el material en crudo, sin mayor procesamiento. Aun así, el problema de la disponibilidad aparece como más difícil de soslayar. Otros resultados, logrados en plantas establecidas en mezclas de aserrín con suelo, entregan luces interesantes para el trabajo de los productores nortinos de arándano. “En términos de fertilización, el nitrógeno es fundamental; en dosis moderadas, aplicado en época de agosto hacia adelante, ojalá no más allá de febrero; acompañado con microelementos y basado en análisis foliares”, dice Salvatierra. Se recomienda no fertilizar en exceso. Hacerlo puede reducir los rendimientos de fruta, aumentar el riesgo de enfermedades y contaminar el suelo. Por lo mismo, el agricultor no debería olvidarse de encargar análisis del suelo antes de tomar decisiones sobre este ámbito. “En términos de irrigación, es fundamental el riego frecuente, en pulsos, dos o tres veces al día, y en períodos que dependen de los sustratos”, indica. Respecto a las plagas, éstas fueron estudiadas a través de monitoreos en plantaciones ubicadas en los valles de Choapa, Limarí y Elqui. Los insectos más dañinos son el chanchito blanco de la vid y Proeulia sp., este último conocido como enrollador de los frutales. Ambos constituyen plagas cuarentenarias que provocan rechazo de la fruta al ser detectadas. Están también diversos gusanos blancos, cuyas larvas se alimentan de las raíces, pudiendo causar la muerte de las plantas. Además de insectos y ácaros, los arándanos en la Región de Coquimbo han sido afectados por fauna silvestre. Las aves son las más relevantes: zorzales, mirlos, tordos, loicas, tencas y chincoles. La protección del cultivo con mallas es la única estrategia que elimina este riesgo. También se constataron ataques de conejos y liebres, los cuales se pueden evitar utilizando barreras mecánicas. En cuanto al cultivo en macetas, es esencial seleccionar un buen sustrato. Dependiendo de las condiciones del agricultor, lo ideal es partir con bolsas contenedoras de un volumen superior a 30 litros. Como plantea Salvatierra, el uso de este sistema en vez de la plantación directa en el campo “es justificable bajo dos puntos de vista: uno, que el suelo sea muy malo, pero tengas una condición climática envidiable; o dos, una decisión del agricultor de usar un sistema altamente intensivo, porque en macetas permite tener más plantas que en terreno”. Eso sí, el cultivo confinado en macetas exige una logística eficiente en el campo para resolver problemas prácticos. “El uso de bolsas tiene una serie de detalles, tan simples como que el sustrato se descompone y la bolsa se inclina hacia un lado; eso significa problemas en la fertirrigación, porque el gotero no llega a donde tiene que llegar”, señala. Conclusiones detalladas y numerosos datos valiosos para el trabajo de los productores de arándano están disponibles para la comunidad en INIA Intihuasi. PRECIOS EN RECUPERACIÓNNo fueron pocos quienes creyeron que el auge del arándano había tenido un abrupto final el año pasado, cuando los precios de exportación cayeron en forma notoria hasta los cuatro dólares por kilo (retorno neto a productor). Hoy las cosas vuelven a verse con optimismo. Osvaldo Vallejos, encargado zonal norte de Driscoll’s Chile S.A. –empresa líder en arándanos en el mundo y una de las principales exportadoras en el país– manifiesta que “en la temporada actual el precio ha tendido a una leve alza, en torno a medio dólar adicional por kilo, y eso tiene que ver con que se están haciendo mejor las cosas en la industria”. Explica que por temas climáticos se atrasó la producción de Coquimbo, coincidiendo con parte de la cosecha de la zona central y de Argentina. La sobreoferta disminuyó el precio. “Creo que sirvió de experiencia. Una muestra de que se están haciendo mejor las cosas es que ahora tenemos mayor cantidad de fruta y, sin embargo, los precios son más altos. Hay mejor coordinación entre las empresas, nos acompañó un poco más el clima y, de ese modo, tenemos más repartida la producción”, agrega. Vallejos puntualiza que, más allá de la poca aptitud del suelo nortino para el cultivo de arándano, “todo se justifica y todo tiene solución desde el punto de vista técnico si es económicamente viable”. Aunque la productividad de esta especie pueda ser más alta en la zona centro-sur, añade, “había una ventana de mercado interesante, que era octubre y noviembre, que no estaba siendo llenada por ninguna otra área del país, y los precios sin duda que eran y siguen siendo muy atractivos. Ahí está el desafío, cómo hacer producir esta planta que no es para estas condiciones. La estamos manejando con acidificación, sustratos, uso de techos para bajar la radiación solar, nuevas variedades mejoradas para condiciones similares a las de la zona norte, así que hay buenas expectativas”. En consecuencia, pese a los desafíos que impone el arándano para la Región de Coquimbo, son varios los aspectos prometedores de su cultivo. Primero, que los precios pueden no ser lo espectaculares que fueron en alguna época, pero siguen siendo muy buenos. Segundo, que aun cuando los costos de producción son más altos que en cultivos tradicionales del Norte Chico, como uva de mesa o palto, el arándano es más rentable. Tercero, que la mayor parte de las 400 hectáreas plantadas en la región son recientes y recién alcanzarán su edad más productiva en unos cinco años. Y cuarto, que los investigadores en Chile y el mundo siguen trabajando para mejorar cada vez más esta alternativa productiva.
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Colina San Joaquin s/n, La Serena.