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Cambio Climático

El mundo está siendo fuertemente afectado por el cambio climático (CC), resultante de procesos bióticos, variaciones en la radiación solar y tectónica, y por ciertas actividades humanas como la deforestación de bosques (para convertirlos en tierras de cultivo y pastoreo) y la abundante emisión de gases de efecto invernadero, entre los que destacan el dióxido de carbono (CO2 ) por parte de fábricas y medios de transporte, y el metano en la ganadería intensiva y arrozales.

De este modo, la agricultura se relaciona estrechamente con el CC, representando el 23% de las emisiones totales del planeta (IPCC, 2007). Dentro de este porcentaje, Chile aporta el 0,4%. No obstante, pese a que sus emisiones no influyen mayormente a escala global, el país debe hacer esfuerzos de mitigación en pos de los acuerdos internacionales adoptados en esta materia.

Por otra parte, la actividad agropecuaria no sólo es fuente emisora, sino que también resulta afectada por el CC debido a las variaciones en la distribución y niveles de las precipitaciones, así como al alza de las temperaturas; ocasionando fenómenos como déficit hídrico y aumento de incendios forestales, que sólo en el primer semestre de 2017, implicaron recursos de emergencia por un monto cercano a los $28 mil millones (Onemi). En tanto, en el año 2015, 194 comunas de un total de 346 en el país, fueron declaradas en emergencia agrícola por sequía.

El cambio climático también influye en el patrón de aparición y propagación de patógenos que afectan a vegetales y animales, suscitando alteraciones en la respuesta fisiológica y productiva de las plantas; lo que, en consecuencia, modifica la distribución de las zonas tradicionales de producción de alimento.

Sin embargo, esta situación también genera oportunidades para expandir la frontera frutícola hacia el sur; evaluar nuevos manejos agronómicos sustentables; y poder traspasar este conocimiento a los actores del sector (extensionistas y productores).

En este sentido, la contribución de INIA a la adaptación de la agricultura al cambio climático, se realiza a través de la investigación y transferencia de tecnologías en al menos las siguientes áreas:

  • Mejoramiento genético para el desarrollo de variedades de cultivos anuales, frutales, hortalizas y forrajeras, con mayores niveles de adaptación al cambio climático (tolerancia a sequía, resistencia a plagas y enfermedades relevantes, etc.).
  • Adaptación de especies y variedades de frutales y otros rubros a la nueva frontera agrícola que se visualiza con el CC (Región del Biobío al sur y desde Valparaíso a Atacama por el norte). Esto incluye nuevos manejos agronómicos para mitigar potenciales efectos (coberturas, sistemas de conducción, etc.).
  • Estudio del control de plagas y enfermedades en condiciones ambientales cambiantes.
  • Investigación conducente a disminuir las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), particularmente en la ganadería.
  • Información oportuna, a través de la red de estaciones agrometeorológicas de INIA (alrededor de 150 a lo largo del país), para la gestión del riesgo climático.
  • Generación de nuevas aplicaciones para contribuir a la toma de decisiones por parte de los productores/asesores/extensionistas.

Algunos avances de INIA que destacan en este eje son el cultivo de cepas de uva vinífera en la Región de La Araucanía (Tranapuente) y en Chile Chico, Región de Aysén; así como berries y hortalizas en Chiloé, a los que próximamente se sumarán nuevas especies y variedades de frutas y vegetales.